EL DOBLE RASERO EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS:
AUTOR: MSc. JOSÉ
ISRAEL VENTURA
INTRODUCCIÓN
Hablar de derechos
humanos en el siglo XXI debería ser hablar de un consenso universal, de
principios éticos que trascienden ideologías, fronteras y coyunturas políticas.
Sin embargo, la realidad muestra una contradicción profunda: los derechos
humanos, lejos de ser un instrumento imparcial de justicia, con frecuencia se
convierten en un discurso selectivo, instrumentalizado según intereses
políticos, económicos o geoestratégicos.
El caso de El
Salvador resulta paradigmático para analizar esta problemática. En un país
históricamente marcado por la desigualdad, la violencia estructural y la corrupción
política, la defensa de los derechos humanos ha transitado por escenarios
complejos, donde no siempre ha primado la coherencia ética. Durante décadas,
amplios sectores de la población vivieron bajo condiciones de inseguridad
extrema, donde el derecho más básico —el derecho a la vida— era
sistemáticamente vulnerado por estructuras criminales.
En este contexto,
surge una interrogante fundamental:
¿Por qué ciertos
actores internacionales y locales reaccionan con intensidad frente a algunas
violaciones de derechos humanos, mientras guardan silencio —o muestran tibieza—
ante otras igualmente graves o incluso más devastadoras?
Este fenómeno,
conocido como el “doble rasero”, revela una crisis profunda en la legitimidad
del discurso de los derechos humanos. Cuando la defensa de estos principios se
vuelve selectiva, deja de ser ética y se convierte en política; deja de ser universal
y se vuelve utilitaria.
El presente ensayo
tiene como objetivo analizar críticamente este doble estándar, tomando como
referencia la experiencia salvadoreña reciente. Se busca evidenciar las
contradicciones, desmontar los discursos selectivos y reflexionar sobre la
necesidad urgente de una defensa coherente, integral y verdaderamente humana de
los derechos fundamentales.
I. LOS DERECHOS
HUMANOS: ENTRE PRINCIPIO UNIVERSAL Y USO POLÍTICO
Los derechos humanos
nacen como una aspiración universal, especialmente tras los horrores de la
Segunda Guerra Mundial. Documentos como la Declaración Universal de los
Derechos Humanos (1948) establecen principios fundamentales: dignidad,
igualdad, libertad y justicia.
Sin embargo, en la
práctica, estos principios han sido frecuentemente reinterpretados según
conveniencias políticas. Como señala Donnelly (2013), los derechos humanos no
siempre operan como normas neutrales, sino que pueden convertirse en
herramientas de poder dentro del sistema internacional.
En este sentido, el
problema no radica en los derechos humanos como tal, sino en su instrumentalización. Cuando los actores
—sean gobiernos, ONG o instituciones internacionales— aplican estos principios
de manera selectiva, se erosiona su legitimidad.
II. EL CONTEXTO
SALVADOREÑO: ENTRE VIOLENCIA Y AUSENCIA DE ESTADO
Durante más de tres
décadas, El Salvador enfrentó una crisis profunda de seguridad. Las pandillas
no solo controlaban territorios, sino que imponían un régimen paralelo basado
en el miedo, la extorsión y la violencia.
Miles de salvadoreños
vivieron bajo una realidad donde
· El derecho a la vida estaba en permanente amenaza.
· El derecho a la libre movilidad era inexistente.
· El derecho al trabajo estaba condicionado por estructuras
criminales.
En este contexto,
cabe preguntarse:
· ¿Dónde estaban muchas de las voces que hoy se presentan
como defensoras de derechos humanos?
· La omisión también es una forma de violación. Ignorar el
sufrimiento de las víctimas es, en sí mismo, una forma de injusticia.
III. EL DOBLE RASERO:
CUANDO LA INDIGNACIÓN ES SELECTIVA
El doble rasero se
manifiesta cuando:
· Se condena enérgicamente una política estatal, pero se
minimiza la violencia criminal.
· Se enfatizan derechos de los victimarios, pero se invisibilizan
los de las víctimas.
· Se construyen narrativas que ignoran el contexto
histórico y social.
Esta selectividad
genera una percepción de injusticia en la población. No se trata de negar
posibles excesos del Estado, sino de exigir coherencia.
Como afirma Ignatieff (2001), los derechos humanos pierden fuerza cuando se perciben como instrumentos de agendas particulares en lugar de principios universales.
IV. DERECHOS HUMANOS
Y SEGURIDAD: UNA TENSIÓN NECESARIA
Uno de los debates
más complejos es la relación entre seguridad y derechos humanos. En contextos
de alta violencia, los Estados enfrentan el desafío de garantizar el orden sin
vulnerar libertades fundamentales.
Sin embargo, este
debate no puede simplificarse en términos absolutos. La verdadera pregunta es:
¿Puede existir
libertad sin seguridad?
Un ciudadano que vive
bajo amenaza constante difícilmente puede ejercer sus derechos. La seguridad no
es enemiga de los derechos humanos; es condición para su ejercicio.
V. LA NARRATIVA INTERNACIONAL
Y SUS CONTRADICCIONES
Diversos organismos
internacionales han emitido críticas hacia políticas de seguridad en El
Salvador. Si bien la vigilancia y la crítica son necesarias en cualquier
democracia, también lo es la coherencia.
Resulta
contradictorio que:
· Se condenen medidas estatales sin reconocer los avances
en seguridad.
· Se omita el contexto histórico de violencia estructural.
· Se utilicen estándares distintos según el país.
Este fenómeno revela
que los derechos humanos, en ciertos casos, son utilizados como lenguaje
político internacional, más que como principios éticos universales.
VI. LAS VÍCTIMAS
INVISIBLES: EL GRAN SILENCIO
Uno de los aspectos
más preocupantes del doble rasero es la invisibilización de las víctimas de la
violencia criminal.
Durante años, miles
de salvadoreños:
· Fueron asesinados
· Fueron desplazados
· Perdieron oportunidades de vida.
· Sin embargo, sus historias rara vez ocuparon titulares internacionales.
¿Por qué algunas víctimas
importan más que otras?
Esta pregunta
evidencia una jerarquización moral inaceptable.
VII. HACIA UNA
DEFENSA COHERENTE DE LOS DERECHOS HUMANOS
Superar el doble
rasero implica asumir una postura ética firme:
· Universalidad real: Todos los derechos para todas las
personas.
· Coherencia: Condenar todas las violaciones, sin importar
el actor.
· Contextualización: Analizar cada situación en su realidad
histórica.
· Centralidad de la víctima: Priorizar a quienes sufren
· Los derechos humanos no pueden ser selectivos. O son
universales, o dejan de ser derechos.
CONCLUSIÓN
El análisis del caso
salvadoreño evidencia una verdad incómoda: el discurso de los derechos humanos
enfrenta una crisis de legitimidad cuando se aplica con doble rasero.
No se trata de
justificar abusos ni de negar la importancia de la vigilancia internacional. Se
trata de exigir coherencia, honestidad intelectual y compromiso real con la
dignidad humana.
Una defensa selectiva
de los derechos humanos no solo es injusta, sino peligrosa, porque debilita el
fundamento mismo de estos principios.
REFLEXIÓN FINAL
Los derechos humanos
no deben ser bandera de conveniencia, sino compromiso de conciencia.
Una sociedad
verdaderamente justa no es aquella que defiende derechos cuando le conviene,
sino aquella que los defiende siempre, incluso cuando resulta incómodo.
Porque al final, la
pregunta no es política, es profundamente ética:
¿Defendemos los
derechos humanos… o defendemos nuestros intereses disfrazados de derechos humanos?
REFERENCIAS (FORMATO
APA)
1. Donnelly, J.
(2013). Universal human
rights in theory and practice. Cornell University Press.
2. Ignatieff, M. (2001). Human rights as
politics and idolatry. Princeton University Press.
3. Naciones
Unidas. (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos.
4. Human Rights
Watch. (2023). Informe sobre derechos humanos en El Salvador.
5. Amnistía
Internacional. (2023). Informe anual sobre derechos humanos.
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