jueves, 19 de marzo de 2026



                   EL DOBLE RASERO EN LA DEFENSA DE LOS DERECHOS HUMANOS:

                                      AUTOR: MSc. JOSÉ ISRAEL VENTURA

INTRODUCCIÓN

Hablar de derechos humanos en el siglo XXI debería ser hablar de un consenso universal, de principios éticos que trascienden ideologías, fronteras y coyunturas políticas. Sin embargo, la realidad muestra una contradicción profunda: los derechos humanos, lejos de ser un instrumento imparcial de justicia, con frecuencia se convierten en un discurso selectivo, instrumentalizado según intereses políticos, económicos o geoestratégicos.

El caso de El Salvador resulta paradigmático para analizar esta problemática. En un país históricamente marcado por la desigualdad, la violencia estructural y la corrupción política, la defensa de los derechos humanos ha transitado por escenarios complejos, donde no siempre ha primado la coherencia ética. Durante décadas, amplios sectores de la población vivieron bajo condiciones de inseguridad extrema, donde el derecho más básico —el derecho a la vida— era sistemáticamente vulnerado por estructuras criminales.

En este contexto, surge una interrogante fundamental:

¿Por qué ciertos actores internacionales y locales reaccionan con intensidad frente a algunas violaciones de derechos humanos, mientras guardan silencio —o muestran tibieza— ante otras igualmente graves o incluso más devastadoras?

Este fenómeno, conocido como el “doble rasero”, revela una crisis profunda en la legitimidad del discurso de los derechos humanos. Cuando la defensa de estos principios se vuelve selectiva, deja de ser ética y se convierte en política; deja de ser universal y se vuelve utilitaria.

El presente ensayo tiene como objetivo analizar críticamente este doble estándar, tomando como referencia la experiencia salvadoreña reciente. Se busca evidenciar las contradicciones, desmontar los discursos selectivos y reflexionar sobre la necesidad urgente de una defensa coherente, integral y verdaderamente humana de los derechos fundamentales.

I. LOS DERECHOS HUMANOS: ENTRE PRINCIPIO UNIVERSAL Y USO POLÍTICO

Los derechos humanos nacen como una aspiración universal, especialmente tras los horrores de la Segunda Guerra Mundial. Documentos como la Declaración Universal de los Derechos Humanos (1948) establecen principios fundamentales: dignidad, igualdad, libertad y justicia.

Sin embargo, en la práctica, estos principios han sido frecuentemente reinterpretados según conveniencias políticas. Como señala Donnelly (2013), los derechos humanos no siempre operan como normas neutrales, sino que pueden convertirse en herramientas de poder dentro del sistema internacional.

En este sentido, el problema no radica en los derechos humanos como tal, sino en su instrumentalización. Cuando los actores —sean gobiernos, ONG o instituciones internacionales— aplican estos principios de manera selectiva, se erosiona su legitimidad.

II. EL CONTEXTO SALVADOREÑO: ENTRE VIOLENCIA Y AUSENCIA DE ESTADO

Durante más de tres décadas, El Salvador enfrentó una crisis profunda de seguridad. Las pandillas no solo controlaban territorios, sino que imponían un régimen paralelo basado en el miedo, la extorsión y la violencia.

Miles de salvadoreños vivieron bajo una realidad donde

· El derecho a la vida estaba en permanente amenaza.

· El derecho a la libre movilidad era inexistente.

· El derecho al trabajo estaba condicionado por estructuras criminales.

En este contexto, cabe preguntarse:

· ¿Dónde estaban muchas de las voces que hoy se presentan como defensoras de derechos humanos?

· La omisión también es una forma de violación. Ignorar el sufrimiento de las víctimas es, en sí mismo, una forma de injusticia.

III. EL DOBLE RASERO: CUANDO LA INDIGNACIÓN ES SELECTIVA

El doble rasero se manifiesta cuando:

· Se condena enérgicamente una política estatal, pero se minimiza la violencia criminal.

· Se enfatizan derechos de los victimarios, pero se invisibilizan los de las víctimas.

· Se construyen narrativas que ignoran el contexto histórico y social.

Esta selectividad genera una percepción de injusticia en la población. No se trata de negar posibles excesos del Estado, sino de exigir coherencia.

Como afirma Ignatieff (2001), los derechos humanos pierden fuerza cuando se perciben como instrumentos de agendas particulares en lugar de principios universales.

IV. DERECHOS HUMANOS Y SEGURIDAD: UNA TENSIÓN NECESARIA

Uno de los debates más complejos es la relación entre seguridad y derechos humanos. En contextos de alta violencia, los Estados enfrentan el desafío de garantizar el orden sin vulnerar libertades fundamentales.

Sin embargo, este debate no puede simplificarse en términos absolutos. La verdadera pregunta es:

¿Puede existir libertad sin seguridad?

Un ciudadano que vive bajo amenaza constante difícilmente puede ejercer sus derechos. La seguridad no es enemiga de los derechos humanos; es condición para su ejercicio.

V. LA NARRATIVA INTERNACIONAL Y SUS CONTRADICCIONES

Diversos organismos internacionales han emitido críticas hacia políticas de seguridad en El Salvador. Si bien la vigilancia y la crítica son necesarias en cualquier democracia, también lo es la coherencia.

Resulta contradictorio que:

· Se condenen medidas estatales sin reconocer los avances en seguridad.

· Se omita el contexto histórico de violencia estructural.

· Se utilicen estándares distintos según el país.

Este fenómeno revela que los derechos humanos, en ciertos casos, son utilizados como lenguaje político internacional, más que como principios éticos universales.

VI. LAS VÍCTIMAS INVISIBLES: EL GRAN SILENCIO

Uno de los aspectos más preocupantes del doble rasero es la invisibilización de las víctimas de la violencia criminal.

Durante años, miles de salvadoreños:

· Fueron asesinados

· Fueron desplazados

· Perdieron oportunidades de vida.

· Sin embargo, sus historias rara vez ocuparon titulares internacionales.

¿Por qué algunas víctimas importan más que otras?

Esta pregunta evidencia una jerarquización moral inaceptable.

VII. HACIA UNA DEFENSA COHERENTE DE LOS DERECHOS HUMANOS

Superar el doble rasero implica asumir una postura ética firme:

· Universalidad real: Todos los derechos para todas las personas.

· Coherencia: Condenar todas las violaciones, sin importar el actor.

· Contextualización: Analizar cada situación en su realidad histórica.

· Centralidad de la víctima: Priorizar a quienes sufren

· Los derechos humanos no pueden ser selectivos. O son universales, o dejan de ser derechos.

CONCLUSIÓN

El análisis del caso salvadoreño evidencia una verdad incómoda: el discurso de los derechos humanos enfrenta una crisis de legitimidad cuando se aplica con doble rasero.

No se trata de justificar abusos ni de negar la importancia de la vigilancia internacional. Se trata de exigir coherencia, honestidad intelectual y compromiso real con la dignidad humana.

Una defensa selectiva de los derechos humanos no solo es injusta, sino peligrosa, porque debilita el fundamento mismo de estos principios.

REFLEXIÓN FINAL

Los derechos humanos no deben ser bandera de conveniencia, sino compromiso de conciencia.

Una sociedad verdaderamente justa no es aquella que defiende derechos cuando le conviene, sino aquella que los defiende siempre, incluso cuando resulta incómodo.

Porque al final, la pregunta no es política, es profundamente ética:

¿Defendemos los derechos humanos… o defendemos nuestros intereses disfrazados de derechos humanos?

REFERENCIAS (FORMATO APA)

1.       Donnelly, J. (2013). Universal human rights in theory and practice. Cornell University Press.

2.       Ignatieff, M. (2001). Human rights as politics and idolatry. Princeton University Press.

3.       Naciones Unidas. (1948). Declaración Universal de los Derechos Humanos.

4.       Human Rights Watch. (2023). Informe sobre derechos humanos en El Salvador.

5.       Amnistía Internacional. (2023). Informe anual sobre derechos humanos.

 

 

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