lunes, 17 de noviembre de 2025

 


REFLEXIÓN CRÍTICA: ENTRE EL RUIDO DE LA IGNORANCIA Y LA CALMA DE LA SABIDURÍA

POR: MSc. JOSÈ ISRAEL VENTURA.

 

INTRODUCCIÓN

En una época marcada por la avalancha de información, por la inmediatez de las redes sociales y por la tendencia a opinar sin detenerse a pensar, las palabras de Aristóteles resuenan con fuerza:
“El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.
Y es que, aunque han pasado más de dos mil años desde que fueron pronunciadas, parecieran estar escritas para nuestro tiempo: un tiempo donde muchos hablan, pocos piensan y casi nadie se toma la molestia de comprender antes de juzgar.

En los últimos meses, El Salvador ha sido testigo de un fenómeno curioso: cada avance tecnológico importante, cada innovación estatal, cada política pública con base científica —como la plataforma de telemedicina DRSV— es recibida con dos reacciones profundamente distintas.
Por un lado, la ciudadanía común observa, pregunta, aprende, prueba, evalúa…
Por el otro, ciertos sectores opositores y algunos profesionales —incluyendo médicos con títulos y años de experiencia— reaccionan de inmediato con frases absolutas, conclusiones rígidas y afirmaciones sin sustento:

  • “Google no cura el cáncer”,
  • “La IA no sustituye a un médico”,
  • “La inteligencia artificial es peligrosa para la salud”,
  • “Eso es solo propaganda”.

Estas frases, repetidas sin reflexión, revelan una postura que no se basa en conocimiento, sino en prejuicio. Aristóteles lo explicaba con una claridad sorprendente: el ignorante no duda, porque no sabe qué no sabe. Por eso asegura, sentencia y concluye sin haberse tomado la molestia de estudiar, contrastar o comprender.

Esta reflexión no busca ofender, humillar o desacreditar a nadie.
Lo que busca es ayudar a la población salvadoreña a comprender que el ruido no es sinónimo de verdad, que quien grita más no necesariamente tiene razón, y que la verdad —esa verdad compleja, dinámica y colectiva— se construye con diálogo, con evidencia, con humildad intelectual y con voluntad de aprender.
La crítica aquí presentada es firme, pero humanista; dura, pero constructiva; enérgica, pero responsable.

1. LA SABIDURÍA COMIENZA DONDE TERMINA LA ARROGANCIA

Aristóteles comprendió que el primer paso hacia la verdad es la conciencia de nuestra ignorancia.
El sabio —decía él— nunca afirma sin pensar, nunca sentencia sin examinar, nunca ridiculiza aquello que aún no entiende. Por eso duda, analiza, reflexiona, cuestiona… y solo entonces se atreve a opinar.

Lo contrario ocurre en quienes confunden la opinión con conocimiento.
Muchos de los discursos que se han escuchado en días recientes contra la plataforma DRSV provienen de esa postura: una postura donde el miedo, el desconocimiento y la resistencia al cambio se disfrazan de seguridad absoluta.

No es casualidad que quienes menos comprenden la IA sean los que más se burlan de ella.
No es casualidad que quienes no han leído una sola página de literatura científica sobre telemedicina sean los que más atacan este tipo de sistemas. La ignorancia siempre se reviste a sí misma de certeza, porque la duda la incomoda: la obliga a pensar, a estudiar, a aceptar que quizá no sabe tanto como cree.

La burla, en este sentido, es una defensa emocional:
“la burla es el medio que emplea el ignorante para sentirse sabio”.
Cuando alguien carece de argumentos, busca refugiarse en la risa, en la ironía, en el desprecio.
Porque burlarse es más fácil que pensar. Porque reírse del progreso toma menos esfuerzo que comprenderlo. Porque reírse del progreso toma menos esfuerzo que comprenderlo.

Porque ridiculizar al otro da una sensación momentánea de superioridad, aunque no esté basada en nada real.

2. EL MIEDO AL CONOCIMIENTO: UNA CONSTANTE HISTÓRICA

No estamos viviendo nada nuevo.
Cada vez que la humanidad ha dado un salto científico o tecnológico, aparecieron voces asegurando que aquello era “peligroso”, “innecesario”, “engañoso” o “irreemplazable”.

Cuando apareció la imprenta, algunos juraron que arruinaría la memoria humana.
Cuando surgió la electricidad, hubo quienes dijeron que era un invento diabólico.
Cuando llegó la computadora personal, predijeron que destruiría la inteligencia humana.
Cuando nació el internet, lo calificaron como un riesgo para la sociedad. Ahora, con la inteligencia artificial, se repite el patrón.

No es malo tener dudas.
Lo malo es encubrir la ignorancia con arrogancia y convertir el miedo en “verdad”.

En el caso del DRSV, muchos críticos ni siquiera se tomaron el tiempo de entender qué es:

·         un sistema de telemedicina,

  • basado en IA de apoyo diagnóstico,
  • con protocolos, supervisión médica,
  • estándares internacionales de salud digital,
  • y evidencia científica acumulada en cientos de estudios.

No reemplaza médicos.
No hace cirugía.
No receta por sí mismo.
No promete milagros.
Solo apoya, orienta, agiliza, facilita y complementa.
Lo que hace cualquier herramienta tecnológica bien diseñada.

Pero para comprender eso hay que leer, estudiar, analizar.
Y muchos de los que critican no quieren hacerlo.
Prefieren afirmar.

3. EL RUIDO COMO ARMA POLÍTICA: CUANDO OPINAR SE VUELVE MÁS RENTABLE QUE PENSAR

En el debate público salvadoreño, lamentablemente, se ha vuelto habitual que ciertos actores políticos y mediáticos utilicen el ruido como estrategia.
El objetivo no es contribuir al pensamiento crítico, ni elevar el nivel del diálogo, ni aclarar dudas de la población: el objetivo es generar polémica, confusión y desgaste.

La crítica técnica, científica y fundamentada siempre es bienvenida.
Pero lo que hemos visto en los últimos días no es crítica: es politiquería disfrazada de sabiduría.

Decir —con total ligereza— que “Google no cura el cáncer” es un truco retórico.
Nadie ha dicho jamás que Google cure el cáncer.
Es una frase diseñada para ridiculizar, no para explicar.

Afirmar que “la IA va a sustituir al médico” es otra maniobra emocional.
Repite un miedo cinematográfico que no tiene respaldo en la literatura científica.
La IA no sustituirá al médico.
Pero sí puede —y debe— hacer su trabajo más preciso, más rápido, más accesible y más eficiente. Esto se sabe desde hace años.

¿Por qué entonces algunos siguen repitiendo estas consignas como si fueran verdades absolutas?
Porque el ruido genera impresión de autoridad. Y cuanto más fuerte el ruido, más débiles suelen ser los argumentos.

4. LA VERDAD COMO CONSTRUCCIÓN COLECTIVA

En un momento crucial, tú haces una afirmación sabia y profundamente ética:
“La verdad la estamos construyendo entre todos, y ninguno de nosotros es dueño absoluto de la verdad”. Esta idea es fundamental para avanzar como sociedad.

La verdad no pertenece a un partido político, ni a un gremio, ni a un grupo de profesionales, ni a una ideología. La verdad es un proceso. Un camino. Una búsqueda conjunta.

Una construcción permanente basada en la interacción entre evidencia, experiencia humana, análisis crítico y reflexión ética.

La ciencia no es infalible. La tecnología tampoco. Las políticas públicas menos.
Pero cuando dialogan entre sí —cuando médicos, ingenieros, académicos, ciudadanos y expertos trabajan juntos— la verdad se acerca más a todos. Por eso es tan grave cuando ciertos sectores se niegan a participar en la construcción de la verdad, prefiriendo destruirla desde lejos. Quien cree que ya lo sabe todo no aportará jamás nada nuevo. Quien se burla del conocimiento nunca entenderá su importancia. Y quien afirma sin dudar no construye país.

5. LA ALFABETIZACIÓN DIGITAL COMO RESPONSABILIDAD ÉTICA

Gran parte de los ataques contra la IA no provienen de posiciones filosóficas profundas, sino de la falta de educación digital y científica.
Entre más desconocimiento existe, más fácil es manipular a la gente, más sencillo es desinformar, y más cómodo resulta desacreditar cualquier avance tecnológico.

El Salvador necesita una ciudadanía formada en:

  • pensamiento crítico,
  • alfabetización digital,
  • ética tecnológica,
  • lectura de evidencia,
  • ciencia básica,
  • reflexión filosófica sobre la verdad.

De lo contrario, cualquier discurso populista, cualquier video malintencionado, cualquier tuit agresivo puede convertirse en “verdad” para quienes no saben diferenciar conocimiento de ruido.

Aristóteles insistía en que la educación es el arma más poderosa para combatir la ignorancia.
Y en este debate sobre el DRSV y la IA, esa enseñanza es más oportuna que nunca.

6. EL PAPEL DE LA HUMILDAD INTELECTUAL

El sabio, dice Aristóteles, reconoce sus límites.
No afirma lo que no sabe.
No ridiculiza lo que no entiende.
No condena lo que aún no ha estudiado.

La humildad intelectual no consiste en callar, sino en buscar la verdad con honestidad.
Consiste en preguntar:

  • ¿cómo funciona esto realmente?,
  • ¿cuáles son los estudios?,
  • ¿qué evidencia existe?,
  • ¿cuáles son sus límites?,
  • ¿qué beneficios aporta?,
  • ¿qué riesgos debemos vigilar?

La arrogancia ignora estas preguntas.
La sabiduría las necesita.

7. EL PUEBLO SALVADOREÑO MERECE UN DEBATE ADULTO, INFORMADO Y HONESTO

La salud es un derecho.
La tecnología es una herramienta.
El debate público debe estar a la altura de ambas.

El Salvador merece un diálogo basado en evidencia y no en prejuicios; en argumentos y no en gritos; en comprensión y no en burla.

Nadie pide unanimidad ni pensamiento único.
Lo que se pide es seriedad.
Pensamiento crítico.
Responsabilidad ciudadana.
Humildad para aceptar aquello que todavía no comprendemos.

El DRSV no resolverá todos los problemas de salud.
La IA no es una varita mágica.
Pero sí representa un paso adelante.
Un paso que muchos países llevan años dando.
Un paso que puede salvar vidas, agilizar diagnósticos, mejorar el sistema y democratizar el acceso a servicios médicos.

No es perfecto.
No es infalible.
Pero es un avance.
Y negar todo avance por prejuicio solo nos condena al atraso.

CONCLUSIÓN: ENTRE EL RUIDO Y LA REFLEXIÓN

La historia es clara:
cuando el ignorante afirma, el debate se contamina;
cuando el sabio reflexiona, el mundo avanza.

Hoy, El Salvador está frente a una oportunidad histórica:
combinar ciencia, tecnología, ética y humanidad para construir un sistema de salud del siglo XXI.

Pero para lograrlo, debemos aprender a distinguir entre quienes hablan para entender
y quienes hablan para destruir;
entre quienes dudan para conocer
y quienes aseguran para manipular;
entre quienes aportan reflexión
y quienes producen ruido.

Que cada salvadoreño pueda reconocer el valor de la duda, de la reflexión, del pensamiento crítico. Que entendamos que la verdad no es propiedad privada de nadie.
Que comprendamos que burlarse del conocimiento no hace a nadie más inteligente.
Y que recordemos, con Aristóteles, que la sabiduría comienza por reconocer lo que no sabemos.

Si logramos esto, no solo defenderemos el avance tecnológico del país:
también construiremos una sociedad más madura, más crítica, más humana
y más capaz de caminar hacia la verdad, juntos.

 

 

SAN SALVADOR, 17 DE NOVIEMBRE DE 2025

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