REFLEXIÓN CRÍTICA: ENTRE EL RUIDO DE LA IGNORANCIA Y LA CALMA DE LA SABIDURÍA
POR: MSc. JOSÈ ISRAEL VENTURA.
INTRODUCCIÓN
En una época marcada por la avalancha de información, por la inmediatez de
las redes sociales y por la tendencia a opinar sin detenerse a pensar, las
palabras de Aristóteles resuenan con fuerza:
“El ignorante afirma, el sabio duda y reflexiona”.
Y es que, aunque han pasado más de dos mil años desde que fueron pronunciadas,
parecieran estar escritas para nuestro tiempo: un tiempo donde muchos hablan,
pocos piensan y casi nadie se toma la molestia de comprender antes de juzgar.
En los últimos meses, El Salvador ha sido testigo de un fenómeno curioso:
cada avance tecnológico importante, cada innovación estatal, cada política
pública con base científica —como la plataforma de telemedicina DRSV— es
recibida con dos reacciones profundamente distintas.
Por un lado, la ciudadanía común observa, pregunta, aprende, prueba, evalúa…
Por el otro, ciertos sectores opositores y algunos profesionales —incluyendo
médicos con títulos y años de experiencia— reaccionan de inmediato con frases
absolutas, conclusiones rígidas y afirmaciones sin sustento:
- “Google no cura el cáncer”,
- “La IA no sustituye a un médico”,
- “La inteligencia artificial es peligrosa para la salud”,
- “Eso es solo propaganda”.
Estas frases, repetidas sin reflexión, revelan una
postura que no se basa en conocimiento, sino en prejuicio. Aristóteles lo
explicaba con una claridad sorprendente: el ignorante no duda, porque no
sabe qué no sabe. Por eso asegura, sentencia y concluye sin haberse tomado
la molestia de estudiar, contrastar o comprender.
Esta reflexión no busca ofender, humillar o desacreditar a nadie.
Lo que busca es ayudar a la población salvadoreña a comprender que el ruido
no es sinónimo de verdad, que quien grita más no necesariamente tiene
razón, y que la verdad —esa verdad compleja, dinámica y colectiva— se construye
con diálogo, con evidencia, con humildad intelectual y con voluntad de
aprender.
La crítica aquí presentada es firme, pero humanista; dura, pero constructiva;
enérgica, pero responsable.
1. LA SABIDURÍA COMIENZA DONDE
TERMINA LA ARROGANCIA
Aristóteles comprendió que el primer paso hacia la verdad es la
conciencia de nuestra ignorancia.
El sabio —decía él— nunca afirma sin pensar, nunca sentencia sin examinar,
nunca ridiculiza aquello que aún no entiende. Por eso duda, analiza,
reflexiona, cuestiona… y solo entonces se atreve a opinar.
Lo contrario ocurre en quienes confunden la opinión con conocimiento.
Muchos de los discursos que se han escuchado en días recientes contra la
plataforma DRSV provienen de esa postura: una postura donde el miedo, el
desconocimiento y la resistencia al cambio se disfrazan de seguridad absoluta.
No es casualidad que quienes menos comprenden la IA sean los que más se
burlan de ella.
No es casualidad que quienes no han leído una sola página de literatura
científica sobre telemedicina sean los que más atacan este tipo de sistemas. La
ignorancia siempre se reviste a sí misma de certeza, porque la duda la
incomoda: la obliga a pensar, a estudiar, a aceptar que quizá no sabe tanto
como cree.
La burla, en este sentido, es una defensa emocional:
“la burla es el medio que emplea el ignorante para sentirse sabio”.
Cuando alguien carece de argumentos, busca refugiarse en la risa, en la ironía,
en el desprecio.
Porque burlarse es más fácil que pensar. Porque reírse del progreso toma menos
esfuerzo que comprenderlo. Porque reírse del progreso toma menos esfuerzo que
comprenderlo.
Porque ridiculizar al otro da una sensación momentánea de superioridad,
aunque no esté basada en nada real.
2. EL MIEDO AL CONOCIMIENTO: UNA CONSTANTE HISTÓRICA
No estamos viviendo nada nuevo.
Cada vez que la humanidad ha dado un salto científico o tecnológico,
aparecieron voces asegurando que aquello era “peligroso”, “innecesario”,
“engañoso” o “irreemplazable”.
Cuando apareció la imprenta, algunos juraron que arruinaría la memoria
humana.
Cuando surgió la electricidad, hubo quienes dijeron que era un invento
diabólico.
Cuando llegó la computadora personal, predijeron que destruiría la inteligencia
humana.
Cuando nació el internet, lo calificaron como un riesgo para la sociedad. Ahora,
con la inteligencia artificial, se repite el patrón.
No es malo tener dudas.
Lo malo es encubrir la ignorancia con arrogancia y convertir el miedo en
“verdad”.
En el caso del DRSV, muchos críticos ni siquiera se tomaron el tiempo de entender
qué es:
·
un sistema de telemedicina,
- basado en
IA de apoyo diagnóstico,
- con protocolos, supervisión médica,
- estándares
internacionales de salud digital,
- y
evidencia científica acumulada en cientos de estudios.
No reemplaza médicos.
No hace cirugía.
No receta por sí mismo.
No promete milagros.
Solo apoya, orienta, agiliza, facilita y complementa.
Lo que hace cualquier herramienta tecnológica bien diseñada.
Pero para comprender eso hay que leer, estudiar, analizar.
Y muchos de los que critican no quieren hacerlo.
Prefieren afirmar.
3. EL RUIDO COMO ARMA POLÍTICA: CUANDO OPINAR SE VUELVE MÁS RENTABLE QUE
PENSAR
En el debate público salvadoreño, lamentablemente, se ha vuelto habitual
que ciertos actores políticos y mediáticos utilicen el ruido como estrategia.
El objetivo no es contribuir al pensamiento crítico, ni elevar el nivel del
diálogo, ni aclarar dudas de la población: el objetivo es generar polémica,
confusión y desgaste.
La crítica técnica, científica y fundamentada siempre es bienvenida.
Pero lo que hemos visto en los últimos días no es crítica: es politiquería
disfrazada de sabiduría.
Decir —con total ligereza— que “Google no cura el cáncer” es un truco
retórico.
Nadie ha dicho jamás que Google cure el cáncer.
Es una frase diseñada para ridiculizar, no para explicar.
Afirmar que “la IA va a sustituir al médico” es otra maniobra emocional.
Repite un miedo cinematográfico que no tiene respaldo en la literatura
científica.
La IA no sustituirá al médico.
Pero sí puede —y debe— hacer su trabajo más preciso, más rápido, más
accesible y más eficiente. Esto se sabe desde hace años.
¿Por qué entonces algunos siguen repitiendo estas consignas como si fueran
verdades absolutas?
Porque el ruido genera impresión de autoridad. Y cuanto más fuerte el ruido,
más débiles suelen ser los argumentos.
4. LA VERDAD COMO CONSTRUCCIÓN COLECTIVA
En un momento crucial, tú haces una afirmación sabia y profundamente ética:
“La verdad la estamos construyendo entre todos, y ninguno de nosotros es
dueño absoluto de la verdad”. Esta idea es fundamental para avanzar como
sociedad.
La verdad no pertenece a un partido político, ni a un gremio, ni a un grupo
de profesionales, ni a una ideología. La verdad es un proceso. Un camino. Una
búsqueda conjunta.
Una construcción permanente basada en la interacción entre evidencia,
experiencia humana, análisis crítico y reflexión ética.
La ciencia no es infalible. La tecnología tampoco. Las políticas públicas
menos.
Pero cuando dialogan entre sí —cuando médicos, ingenieros, académicos,
ciudadanos y expertos trabajan juntos— la verdad se acerca más a todos. Por eso
es tan grave cuando ciertos sectores se niegan a participar en la construcción
de la verdad, prefiriendo destruirla desde lejos. Quien cree que ya lo sabe
todo no aportará jamás nada nuevo. Quien se burla del conocimiento nunca
entenderá su importancia. Y quien afirma sin dudar no construye país.
5. LA ALFABETIZACIÓN DIGITAL COMO RESPONSABILIDAD ÉTICA
Gran parte de los ataques contra la IA no provienen de posiciones
filosóficas profundas, sino de la falta de educación digital y científica.
Entre más desconocimiento existe, más fácil es manipular a la gente, más
sencillo es desinformar, y más cómodo resulta desacreditar cualquier avance
tecnológico.
El Salvador necesita una ciudadanía formada en:
- pensamiento crítico,
- alfabetización digital,
- ética tecnológica,
- lectura de evidencia,
- ciencia básica,
- reflexión
filosófica sobre la verdad.
De lo contrario, cualquier discurso populista, cualquier video
malintencionado, cualquier tuit agresivo puede convertirse en “verdad” para
quienes no saben diferenciar conocimiento de ruido.
Aristóteles insistía en que la educación es el arma más poderosa para
combatir la ignorancia.
Y en este debate sobre el DRSV y la IA, esa enseñanza es más oportuna que
nunca.
6. EL PAPEL DE LA HUMILDAD INTELECTUAL
El sabio, dice Aristóteles, reconoce sus límites.
No afirma lo que no sabe.
No ridiculiza lo que no entiende.
No condena lo que aún no ha estudiado.
La humildad intelectual no consiste en callar, sino en buscar la verdad con
honestidad.
Consiste
en preguntar:
- ¿cómo funciona esto realmente?,
- ¿cuáles son los estudios?,
- ¿qué evidencia existe?,
- ¿cuáles son sus límites?,
- ¿qué beneficios aporta?,
- ¿qué riesgos debemos vigilar?
La arrogancia ignora estas preguntas.
La sabiduría las necesita.
7. EL PUEBLO SALVADOREÑO MERECE UN DEBATE ADULTO, INFORMADO Y HONESTO
La salud es un derecho.
La tecnología es una herramienta.
El debate público debe estar a la altura de ambas.
El Salvador merece un diálogo basado en evidencia y no en prejuicios; en
argumentos y no en gritos; en comprensión y no en burla.
Nadie pide unanimidad ni pensamiento único.
Lo que se pide es seriedad.
Pensamiento crítico.
Responsabilidad ciudadana.
Humildad para aceptar aquello que todavía no comprendemos.
El DRSV no resolverá todos los problemas de salud.
La IA no es una varita mágica.
Pero sí representa un paso adelante.
Un paso que muchos países llevan años dando.
Un paso que puede salvar vidas, agilizar diagnósticos, mejorar el sistema y
democratizar el acceso a servicios médicos.
No es perfecto.
No es infalible.
Pero es un avance.
Y negar todo avance por prejuicio solo nos condena al atraso.
CONCLUSIÓN: ENTRE EL RUIDO Y LA REFLEXIÓN
La historia es clara:
cuando el ignorante afirma, el debate se contamina;
cuando el sabio reflexiona, el mundo avanza.
Hoy, El Salvador está frente a una oportunidad histórica:
combinar ciencia, tecnología, ética y humanidad para construir un sistema de
salud del siglo XXI.
Pero para lograrlo, debemos aprender a distinguir entre quienes hablan para
entender
y quienes hablan para destruir;
entre quienes dudan para conocer
y quienes aseguran para manipular;
entre quienes aportan reflexión
y quienes producen ruido.
Que cada salvadoreño pueda reconocer el valor de la duda, de la reflexión,
del pensamiento crítico. Que entendamos que la verdad no es propiedad privada
de nadie.
Que comprendamos que burlarse del conocimiento no hace a nadie más inteligente.
Y que recordemos, con Aristóteles, que la sabiduría comienza por reconocer
lo que no sabemos.
Si logramos esto, no solo defenderemos el avance tecnológico del país:
también construiremos una sociedad más madura, más crítica, más humana
y más capaz de caminar hacia la verdad, juntos.
SAN SALVADOR, 17 DE NOVIEMBRE DE 2025
No hay comentarios:
Publicar un comentario